lunes, 12 de septiembre de 2011

El elefante funambulista


Hace muchos años, en un viejo circo que ya yace en el olvido de todas las personas y cuyo nombre ya nadie recuerda, existía un elefante funambulista.

De pequeño lo educaron para vivir encadenado, todos conocemos la vieja historia del elefante encadenado, y un buen día le soltaron los grilletes y lo devolvieron a la libertad. Pasar de un estado a otro no es fácil, requiere de su tiempo y de acomodar las ideas y sentimientos para así poder pasar de la represión a la libertad.

Poco a poco le enseñaron a caminar por aquel alambre que cruzaba todo el circo y así se convirtió en un elefante funambulista.

Pero no fue fácil, el elefante había sido educado para vivir encadenado, y poco a poco se tuvieron que ganar su amistad.

Existía una mano amiga que día tras día ponía cacahuetes a lo largo del recio alambre y también existía otra mirada amiga al otro lado del alumbre que le daba el aliento e impedía que éste mirase hacia abajo, sino siempre hacia delante para que éste no perdiera el equilibrio. Y por fin el elefante pasó de un lado hacia el otro por el delgado alambre.

Ahora, ese espacio infinito le aguarda, ya no cabe el giro ni la vuelta, sólo queda que empiece a avanzar sorteando aquellos obstáculos que antes, en la lejanía, ni siquiera era capaz de percibir, y nos preguntamos cómo es que llegaron allí. Se acrecienta el camino que creía el elefante dominar entre el inicio y el final del alambre, parece detenerse el tiempo pero lejos de la realidad, éste sigue avanzando y nosotros, inmersos en él, damos rienda suelta y sin saber cómo ni cuando, nos vemos ahí, quietos junto a ese elefante funambulista, a medio camino ya o más del final.

No se ni cuantas veces he caído y me he vuelto a levantar, pero siempre lo consigo, a pesar de los reveses del camino. Creo que en el fondo es lo que hacemos día a día, no sabemos lo que nos depara el mañana y el poder superar un día tras otro es lo que nos hace fuertes, o por lo menos a mí me lo ha hecho.

LLEGA EL MOMENTO DE GUARDAR EL PASADO, VIVIR EL PRESENTE Y CREER EN EL FUTURO.

sábado, 9 de julio de 2011

SALTAR AL ABISMO


¿Cuántas veces te prometiste hacer algo y no lo hiciste? Seguramente responderás que un par o un montón de veces. A mí sí me ha pasado, me ocurre cotidianamente que planeo y planeo, pero no aterrizo. Nos da miedo saltar al abismo solos, siempre existe algo que nos frena a ello y a veces buscamos que alguien nos de ese empujón para saltar.

A propósito de ello, una amiga me preguntó algo como: ¿qué pasaría si todos hiciéramos las cosas que tenemos que hacer en el tiempo que corresponde? No me acuerdo que respondí en aquel momento, pero entrando en reflexión, creo que hacer lo debido en el momento indicado nos haría más libres. También nos haría ser nosotros mismos, libre de prejuicios de normas morales y éticas, dando cumplimiento a nuestros impulsos. Libres para disponer de nuestro propio tiempo, para dar paso a nuevos momentos, etapas, sueños, deseos, en fin…

Todo ello me viene a la memoria, y tras la conversación que mantuve me pasó un poema de Luis Rius, y volví a reflexionar. Saltar ese abismo y hacer lo que nos marcan nuestros impulsos, sentimientos o nuestros deseos sin que esos prejuicios marquen la propia realidad de qué hacer en cada momento es a veces difícil de gestionar, porque siempre existe diferencia entre lo que quiero hacer y lo que hago. A parte de los prejuicios siempre están nuestros miedos a que cambien ciertas cosas en nuestra vida, y que las cosas no sean como planificamos inicialmente en nuestra hoja de ruta, la que intenta guiarnos por la vida. ¿Pero qué ocurriría si algo cambiara? Os dejo con esa reflexión y con el poema de Luis Rius.

VECES SE PIENSA EN EL MAR

Cuando yo pueda andar toda una tarde

por la orilla del mar, cuando yo tenga

dinero para ir al mar, cuando me quite

esa larga pereza de estar aquí en mi casa

derrumbado, arrumbado, derrengado

en la cama entre libros y tristezas,

y acomode mi ropa y suba a un taxi

para ir a la estación del tren, y mire

cómo se van y van casas y casas

de la ciudad, y diga en pensamiento:

me voy al mar…

Cuando yo me decida

a decirme a mí mismo: voy al mar

porque no quiero estar aquí conmigo

entre harapientas, pobres soledades,

se van a incomodar todas las horas

que se habían alojado en los rincones

de este cuarto, a montones, como polvo,

acostumbradas a que nada ocurra

y al olor encerrado día tras día.

Yo sé bien que ellas saben que me he dicho

muchas veces: si yo me decidiera

y por fin fuese al mar…

Y si cerrara suave, quedamente la puerta

de la casa, pensando

que no pienso marcharme para siempre,

con el pulso tranquilo, como cuando

cierro para bajar a comprar más cigarros.

Y si bajara sin prisa la escalera

y no me detuviera y caminara y caminara

y sin sentir llegase a un tren que espera

y me subiera en él y el tren se fuese

a cualquier parte, lejos, y tuviera dinero en el bolsillo y no pensara

en todo lo que dejo aquí pensado.

Si tuviera o tuviese, si pensara

o pensase o pudiera o pudiese…

Yo sé la pena de los subjuntivos

porque tampoco saben ir al mar.

Si yo no odiara el mar, como esos otros

que les gusta ir al mar a broncearse,

a hacerse un poco estatuas de sí mismos

y enamorar al sol a otras estatuas solas.

Pero a mí no me gusta el mar. Yo digo

que me gustan los pueblos tierra adentro

con su campo labrado, con sus yuntas,

sus aperos, sus serios labradores,

y salir yo muy de mañana al campo

a oler el olor bueno de la tierra.

Porque yo soy de un pueblo tierra adentro

y nunca olvida nada el inconsciente,

dicen que dijo Freud, digo que dicen.

Si yo, si yo, si yo, si yo dijera…

sí, sí, podría decir…

(Voy a dormirme un rato, y a ver luego…)

domingo, 29 de mayo de 2011

Doctor, recéteme algo contra la soledad


Acabo de leer este artículo del Blog de Eduard Punset, http://www.eduardpunset.es/11967/general/doctor-receteme-algo-contra-la-soledad ,
Tras su lectura me ha hecho reflexionar porque considero que lleva razón en sus afirmaciones. Los humanos necesitamos aferrarnos a alguien o a un colectivo social para no sentirnos solos, esa búsqueda o ese sentido de pertenencia nos lleva toda la vida.
Quizás los sanitarios en nuestra labor diaria, vemos la soledad de nuestros pacientes, unos no tienen a nadie y otros los tienen pero no se comunican con ellos. Estamos en un mundo donde estamos rodeados de avances tecnológicos que acercan a las personas pero a pesar de ello la gente sigue sintiendo la soledad a pesar de encontrarse rodeado de gente.
Para los sanitarios lo más sencillo es dar una pastilla para paliar esa soledad, pero nos equivocamos.
Resulta que toda la pasión, el pensamiento y la acción de muchísima gente son el resultado del impulso para evadir el aislamiento causado por la disolución del clan familiar, la pérdida de los amigos del trabajo, el amor del resto del mundo. Detrás de todo lo que hacen, piensan o dicen los ensimismados está el pánico a la soledad. Pese a la diversidad de culturas, religión, sexo, idiomas o edad, resulta que los humanos lucen similitudes sorprendentes, como la necesidad de amor y, para recabarlo, el rechazo tajante de la soledad.
Durante muchos años, no solo no nos ocupamos de la soledad, sino que la enaltecíamos. Si salías adelante solo, sin consultar con los demás, profundizando en tu propio universo, conociendo como nadie tus propios intestinos, eras merecedor de todos los elogios. No sabíamos casi nada del cerebro; no teníamos ni idea de que no se podía aprender sin el cerebro de los demás, que solo los perversos podían ignorar los sentimientos de los otros, de que estabas condenado si no pertenecías a nada ni a nadie. El más valiente era el que no pedía ayuda, porque eso era signo de fortaleza, así nos han educado. Quizás nos hemos equivocado todos al pensar así, todos para superar algo de nuestras vidas debemos de apoyarnos en los demás, en un sueño o en alguna ilusión en donde aparecen como actores las personas que rodean nuestras vidas.
Una persona es también valiente cuando reconoce que necesita de los demás para salir a flote, que ha llorado mientras luchaba con los titanes de nuestra vida y que gracias a los demás hemos podido superar nuestros miedos.

lunes, 30 de agosto de 2010

Perdido en la vieja estación de tren



El tiempo pasa, miro segundo a segundo como se esfuma en aquella vieja estación de tren a la cual el destino me llevó. Mi tren se detuvo en aquel anden donde las horas y los poetas mueren, eso es lo único que sé.
Me miro en un viejo espejo y ni me reconozco, veo a alguien distinto a aquel joven lleno de vida y fortaleza, observo una imagen distorsionada que me lleva a la nada, a la desesperanza, a la desilusión, al vacío y al despertar de aquel dulce sueño.
Enciendo un cigarrillo, dejo que el humo borre y desdibuje todo, y me pregunto que me está pasando, dónde me encuentro, qué hago allí, …
El viejo reloj de la estación se apaga, su segundero va agonizando lentamente, y me pregunto si yo también estoy muriendo por dentro, pero quizás mi valentía me hace vivir pero en la más profunda desesperanza, esperando un atisbo o una señal de aliento. ¿No seré un muerto viviente?
Mi corazón se vuelve más perezoso, y empieza a latir más lentamente. Su color sonrojado se torna en gris porque sus células mueren por haber perdido la esperanza de volver a enamorarse y a encontrar cada mañana una razón más para vivir. La nostalgia aflora poniendo de manifiesto tu pérdida y aquel sentimiento de duelo sin muerte.
Creo que por los viejos altavoces escucho aquella vieja canción que me hace recordar aquellas vivencias. Cierro los ojos, trato de reconstruir tu voz, pero no puedo, he viajado a la nada, sin rumbo y sin ti.
Poco a poco el cuerpo empieza a resentirse tras los golpes de la dura batalla de aquellos seres a los que quise y un buen día se convirtieron en mis mayores adversarios, abandonándome en el borde de aquel precipicio.
El dolor aparece, pero éste no podrá ser calmado con el arsenal terapéutico, porque el mal radica en lo más profundo del alma. Ningún médico es incapaz de sanar el alma porque tan sólo saben curar lo físico.
Me encuentro perdido en aquella vieja estación de tren que el destino me llevo, esperando a que alguien me encuentre o que aparezca algún tren. Pensándolo bien creo que cualquiera que apareciera sería bueno para sacarme de aquel atolladero.
Vivo soñando que todo pasará, esa es mi esperanza. Noto que estoy perdiendo el tiempo sumido en el caos observando como todos los castillos de arena se vinieron hacia abajo. ¿Dónde se encuentran los ángeles caídos del cielo?, ¿Quién ahora me enseñará a volar?, ¿Quién me auxiliará?, ¿Quién estará a mi lado, a caso será la oscura soledad?, ¿Es que he sido cazado por aquel atrapa sueños?, ...
Creo que la locura, la desesperanza y la desilusión desaparecerán algún día y que gracias a la diosa fortuna mi vida se cegará.

domingo, 7 de febrero de 2010

El Cementrio de Elefantes


Los antiguos cazadores viajaron a África en busca de marfil, y como todos sabemos, ese ansiado tesoro se encuentra en los colmillos de los elefantes. Por eso, muchos cazadores impulsados por la esperanza de hacer fortuna querían encontrar los cementerios de elefantes, porque sabían que allí podrían encontrar marfil en grandes cantidades y así enriquecerse fácilmente.
Buscaban y buscaban y encontraban huesos de jirafas, de leones y de muchos otros animales... ¡Pero nunca encontraban huesos de elefantes! Y se preguntaban:
¿Dónde se mueren los elefantes?
Porque los cementerios de los elefantes es un secreto muy bien guardado en el corazón de los africanos, ya que es un animal muy admirado porque es muy sociable y extraordinariamente inteligente. Es considerado el animal terrestre más grande del planeta, y no hay otro que sobrepase su gran tamaño y su fuerza.
Después de muchos años de investigar, de recorrer desiertos, sabanas y montañas los cazadores no conseguían encontrar el cementerio de los elefantes ¿Y sabéis por qué?
Para ellos era un misterio.
Los elefantes cuando se notan viejos, cansados y sienten que su muerte está cerca, se dejan guiar por su instinto para retirarse a un lugar muy lejano y escondido. Allí se sienten protegidos y acompañados, porque es el lugar donde reposan todos sus antepasados.
Algunas de las personas africanas que han visitado este lugar dicen haber encontrado un lugar muy, muy hermoso, con un gran lago entre inmensas montañas, y donde los elefantes se recuestan felices unos junto a los otros para dormir su último sueño.
Eso pasa con nuestros sueños cuando mueren, viajan a un lado perdido de nuestra memoria y ahí reposan en el olvido.
A veces ese trayecto es muy doloroso y difícil de recorrer, y el camino se inicia cuando ese sueño, que es esa sirena del alma que guía nuestra vida, se da cuenta que ya no existe coordenadas ni rumbo. El engaño, la falsedad, la desilusión y todos esos sentimientos que alguna vez hemos vivido hacen que ese sueño, que esa sirena del alma haga como los elefantes cuando programan su viaje al olvido.
Es ahí cuando el alma se desgarra, y van apareciendo los sentimientos de tristeza y de duelo ante lo que hemos perdido.
El futuro y el porvenir se volatiliza, a pesar de que el tiempo se pare, cada día es más largo sin ese sueño.
El duelo de la muerte de un sueño a veces puede llegar a ser infinito porque algunos sueños son insustituibles, otras veces son finitos y duran el tiempo en el que una nueva sirena aparezca en nuestra vida para guiarnos a nuevos puertos.
Pero a pesar de todo nada seguirá igual, el alma quedará con una cicatriz, y si dañamos una cicatriz anterior, la cosa será aún peor. Ese cementerio de sueños, se va haciendo mucho más grande tras cada desilusión, y esto nos condena a conocer la cruda realidad de la vida.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Vivir en un mundo inmundo ...

Bueno ya era hora, he estado casi un año en silencio, no se si ha sido bueno o malo, y he querido colgar lo que habia colgado en mi tuenti. No creo que sea un buen escritor, solo escribo cuando me encuentro triste, es cuando me viene la inspiración porque en ese instante me paro a pensar y a reflexionar.

Os dejo algo que escribi durante este verano:

A veces nos toca hacer una parada para intentar descansar de la frenética dinámica de la vida. En ese espacio de tiempo nos preguntamos por muchas cosas y tratamos de resolver y justificar mil dudas sobre nuestra vida, sobre nuestra forma de verla, valorarla y como no, de como la afrontamos.
Lo más sencillo a veces es culparnos de todo aquello que no ha ido bien o como pensábamos que iba a ir, quizás es que depositamos muchas expectativas en los demás, esperando más de ellos. Tras ello solo queda esperar que nuestras ilusiones se esfumen, quedándonos vacíos y desamparados navegando por los mares de la vida sin rumbo.
Una pregunta usual que nos solemos hacer, trata de conocer y valorar nuestro grado de felicidad, sé que la felicidad plena no existe, y la que existe es la de los pequeños espacios de tiempo, porque todo es efímero. Todos recordaremos ligados a la felicidad aquellos pequeños momentos que han ido asociados a ese sentimiento, aquellos que nunca borraremos como nuestro primer beso sincero, nuestro primer gran amor, aquel te quiero, …
Pero no podemos olvidar que la otra cara de la mascara de la felicidad es la tristeza, y esa también se asocia a otros pequeños momentos, que aparecen tras las actuaciones de actores y actrices de la vida como la hipocresía, el engaño, la ira, la desilusión, la humillación, el abandono, la ignorancia, …
El mundo en el que no ha tocado vivir lo construimos los hombres de hoy, un mundo inmundo como no podía dejar de ser por el materialismo y la hipocresia.
Inmundo porque rechaza a los que son diferentes, a los que no son delgados, guapos, listos, independientes, tienen un nivel social, ..., y como no todos alguna vez hemos caído o lo seguimos haciendo y continuamos con el rechazo a los demás. Como se dice, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
A veces si queremos cambiar las cosas, el destino, el futuro, todo ello pasará si cambiamos nosotros mismos y luchamos por nuestros ideales. Cambiar las cosas resulta muy complicado, todos nos seguimos levantando tras caer en el fracaso, podrán matar al que sueña pero no lo podrán hacerlo con los sueños. Y a pesar de la desilusión sigo levantándome.

Felicidad el ansiado tesoro ....

Joseph Conrad escribió:
¿Quien sabe qué es la verdadera felicidad, y no la palabra convencional?
El verdadero terror, incluso para los solitarios lleva a un abismo, el paria mas desgraciado atesora algunos recuerdos o algunas ilusiones, a veces el dolor se vuelve una parte tan grande de tu vida, que esperas que siempre este ahí, porque no eres capaz de recordar un momento en tu vida en el que no haya estado, pero de pronto, un día, sientes algo más, algo que parece malo, sólo porque no suena familiar y en ese momento te das cuenta de que eres feliz...
La felicidad, se presenta de muchas formas, en la compañía de buenos amigos, en el sentimiento que experimentas cuando haces que el sueño de otra persona se vuelva realidad, o en la promesa de esperanza renovada, es bueno que dejes entrar la felicidad en tu vida, porque nunca sabes lo poco que puede durar...
La felicidad es olvidarse de los problemas, valorar lo que se tiene y cantar hasta quedarse afónicos, la felicidad es como un pastel, cuando lo tienes lo saboreas, y cuando no, sólo con olerlo basta, la felicidad no consiste en todo tener, sino en saber sacar lo bueno que te da, la felicidad es un estado pasajero de locura, la felicidad es hacer lo que se desea y desear lo que se hace, la felicidad no es un sentimiento, es una decisión, la felicidad consiste simplemente en que el mundo interior de la persona esté en total armonía con el mundo exterior, la felicidad no es una estación a la que se llega, sino una forma de viajar, la felicidad, como cualquier sentimiento, es química interna, si te acostumbras a esa sustancia, el cuerpo te la pedirá frecuentemente, la felicidad es la conciencia de la inconciencia..."